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| Guest Message by DevFuse | |
No era precisamente el mejor lugar para vivir, eso lo sabía desde antes incluso de embarcarse hacia Sargoth. Las continuas disputas entre los reinos empapaban los campos con la sangre de los caidos, y el olor a tierra quemada inundaba el ambiente por doquier. La paz, por escasa, siempre era bienvenida, aunque cuando esta llegaba tampoco era mejor que los periodos de guerra: las traiciones y los conflictos intestinos hacían que nunca hubiese descanso para las armas...
Por eso, aquel día no era diferente a los demás... amanecía más o menos despejado, aunque unos nubarrones negros en el horizonte anunciaban tormenta en unas pocas horas. Había pasado una noche apacible, bastante tranquila teniendo en cuenta los acontecimientos del día anterior:
una patrulla mercenaria de las compañías de Borgogne había arribado a las costas del Reino del Norte y el enfrentamiento con nuestras fuerzas no se hizo esperar. A pesar de las heridas y las bajas en nuestras filas, aguantamos asalto tras asalto, hasta devolver a los invasores de nuevo a sus barcos (los pocos que pudieron alcanzarlos, pues muchos de ellos cayeron durante su retirada). Fue una victoria pírrica, pero victoria al fin y al cabo.
He de reconocer que hubo momentos en los que temí por mi vida; el enemigo atacaba con furia irracional, como sumido en estado berserker difícil de explicar. Más de una vez me encontré con mis huesos en el suelo (más de las que hubiese deseado), pero por suerte los compañeros siempre estaban cerca para defenderme. Todos sabemos que la unión hace la fuerza, pero además, tener a tu lado a compañeros de armas, que son casi como hermanos tras haber luchado en numerosas batallas, otorga cierta tranquilidad (e incluso vigor) cuando se combate al enemigo.
Victoria, sí, pero hemos de honrar a los que no verán este amanecer, a los que cayeron en el altar de la batalla por defender sus tierras y a sus hermanos... Es momento de honrar sus cuerpos y escribir su historia, no dejar que su sacrificio caiga en el pozo del olvido y hacer que sus vidas sean recordadas más allá de su muerte.
Fragmento del manuscrito "Crónicas de Guerra" de Lope de Rojas
Por eso, aquel día no era diferente a los demás... amanecía más o menos despejado, aunque unos nubarrones negros en el horizonte anunciaban tormenta en unas pocas horas. Había pasado una noche apacible, bastante tranquila teniendo en cuenta los acontecimientos del día anterior:
una patrulla mercenaria de las compañías de Borgogne había arribado a las costas del Reino del Norte y el enfrentamiento con nuestras fuerzas no se hizo esperar. A pesar de las heridas y las bajas en nuestras filas, aguantamos asalto tras asalto, hasta devolver a los invasores de nuevo a sus barcos (los pocos que pudieron alcanzarlos, pues muchos de ellos cayeron durante su retirada). Fue una victoria pírrica, pero victoria al fin y al cabo.
He de reconocer que hubo momentos en los que temí por mi vida; el enemigo atacaba con furia irracional, como sumido en estado berserker difícil de explicar. Más de una vez me encontré con mis huesos en el suelo (más de las que hubiese deseado), pero por suerte los compañeros siempre estaban cerca para defenderme. Todos sabemos que la unión hace la fuerza, pero además, tener a tu lado a compañeros de armas, que son casi como hermanos tras haber luchado en numerosas batallas, otorga cierta tranquilidad (e incluso vigor) cuando se combate al enemigo.
Victoria, sí, pero hemos de honrar a los que no verán este amanecer, a los que cayeron en el altar de la batalla por defender sus tierras y a sus hermanos... Es momento de honrar sus cuerpos y escribir su historia, no dejar que su sacrificio caiga en el pozo del olvido y hacer que sus vidas sean recordadas más allá de su muerte.
Fragmento del manuscrito "Crónicas de Guerra" de Lope de Rojas


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